PRESENTACIÓN DEL TRAZADO DIDÁCTICO “LA CONEXIÓN FILOSÓFICA DE LOS GRADOS DEL REAA” REALIZADA EN TENIDA EN GRADO 32°

El 19 diciembre 2025 se llevó a cabo la Tenida Ritualística en Grado 32°, con la presentación del trazado didáctico “La Conexión Filosófica de los Grados del Rito Escocés Antiguo y Aceptado”. El material presentado y debatido entre los presentes es un aporte para el proceso de construcción interior y formación integral del escocista realizada en cada Oficina Subordinada del rito.

La ceremonia realizada en el Templo Noble del Solar del REAA, conto con la presencia del Soberano Gran Comendador, I:.P:.H:. Alejandro Dedoff Salcedo 33°, acompañado de miembros del Supremo Consejo del Grado 33° del Rito Escocés Antiguo y Aceptado para el Paraguay. Esta actividad marcada en el calendario de actividades del año hizo posible el trabajo conjunto de los integrantes de las distintas oficinas subordinadas del Trigésimo Segundo Grado,Sublime Príncipe del Real Secreto, propiciando la integración y confraternidad.

El Ilmo.: H.: Roberto Fernández Scroeder, 33º, Gran Secretario General Adjunto del Supremo Consejo, en el trazado presentado realizó un detallado recorrido desde el cuarto hasta el trigésimo segundo grado realizando una descripción de cada etapa. Haciendo notar que no se trata de una simple escalera de títulos, sino de un proceso de construcción interior profundo y gradual tal como lo establece el Rito Escocés Antiguo y Aceptado, y así lo podemos apreciar en el material expuesto a continuación:

DISCURSO DIDÁCTICO SOBRE LA CONEXIÓN FILOSÓFICA ENTRE LOS GRADOS DEL REAA (4º AL 32º).

Hermanos, cuando observamos el recorrido del Rito Escocés Antiguo y Aceptado desde el cuarto hasta el trigésimo segundo grado, notamos que no se trata de una simple escalera de títulos, sino de un proceso de construcción interior. Cada grado contiene una enseñanza que sirve de fundamento para el siguiente, y todos juntos forman un tejido coherente de ética, filosofía y espiritualidad aplicada.

El cuarto grado, Maestro Secreto, inaugura el camino de la responsabilidad consciente. Allí el iniciado aprende que el deber es la primera llave del conocimiento, y que sin vigilancia interior no hay progreso verdadero. Aquí nace la disciplina moral que acompañará todo el trayecto.

Con estas bases, llegamos al séptimo grado, el Preboste y Juez. Lo que en el cuarto era vigilancia ahora se convierte en discernimiento. El hermano aprende a juzgar sus propias intenciones antes de emitir juicio sobre cualquier situación. El equilibrio, la rectitud y la prudencia se hacen hábitos. Este grado establece la capacidad crítica que sostendrá todas las enseñanzas de justicia en adelante.

Cuando avanzamos hacia el noveno grado, Maestro Elegido de los Nueve, el iniciado enfrenta el primer gran dilema moral: cómo corregir lo injusto sin caer en la pasión o en la venganza. Si el séptimo enseñaba a juzgar, el noveno enseña a actuar. Allí se descubre que la justicia no es cuestión de impulsos, sino de claridad y dominio de uno mismo. Esta enseñanza será esencial en los grados más elevados de responsabilidad social.

El camino continúa hasta el duodécimo grado, Gran Maestro Arquitecto, donde el trabajo interior toma forma intelectual. Aquí el iniciado aprende a estructurar el pensamiento, a comprender y proyectar. Es el grado que enseña a ver al mundo como una obra en construcción y al hombre como su arquitecto moral. Esta visión de estructura será fundamental para comprender los grados superiores donde se exige diseño, previsión y propósito.

Todo este trayecto inicial culmina en el decimocuarto grado, Gran Elegido Perfecto y Sublime Mason que cierra la Logia de Perfección. Allí el iniciado sintetiza ética, juicio, autocontrol, conocimiento y disciplina. Lo que se logra en este grado no es la perfección en sí, sino la comprensión de que la perfección es una actitud permanente ante la vida. Este grado sirve de frontera y a la vez de puente hacia un ciclo más profundo y espiritual.

Al ingresar al decimosexto grado, Soberano Príncipe de Jerusalén, el trabajo ya no es solo interior: se proyecta sobre la historia humana. El iniciado estudia la reconstrucción del templo exterior como símbolo de la reconstrucción del orden moral. Comprende que la verdadera lucha es siempre por la libertad interior del hombre. Este grado prepara el espíritu para el salto filosófico y espiritual del ciclo rosacruz.

Y llegamos al decimoctavo grado, Soberano Príncipe Rosacruz. Aquí encontramos una síntesis elevada: la razón, la fe y el amor dejan de competir entre sí y se integran como caminos complementarios. El iniciado descubre que el principio rector del universo es el amor activo; que la verdad sin amor se vuelve fría, y el amor sin verdad se vuelve ciego. Esta comprensión ilumina todo lo que sigue.

A partir de aquí, el camino se vuelve más práctico. El vigésimo grado Maestro Ad Vitam, Venerable Gran Maestre de todas las Logias Regulares enseña la administración justa y constante. No se trata de gobernar grandes espacios, sino de gobernar bien la propia vida. Es el grado de la estabilidad moral, del deber que se vuelve hábito.

Y sobre esta base se construye el vigésimo primer grado, Patriarca Noaquita, que amplía la mirada: la fraternidad ya no es solo un ideal masónico, sino un principio universal. Se estudia la sabiduría antigua como patrimonio de toda la humanidad, no de una sola no está fuera, sino dentro de cada hombre. Es un grado de armonía interior, donde la voluntad, la inteligencia y la emoción se alinean para servir a un propósito superior. Con este equilibrio se accede a grados que demandan una profunda disciplina y claridad de acción.

Así llegamos al vigésimo sexto grado, Príncipe de la Merced. Aquí se enseña que justicia y misericordia son dos columnas que deben sostenerse mutuamente. La ley sin compasión es tiranía, y la compasión sin ley es desorden. Esta síntesis es necesaria para convertirse en un verdadero caballero del espíritu.

El vigésimo séptimo grado, Gran Comendador del Templo, representa la caballería filosófica del rito. El iniclado aprende que la lucha no es contra personas, sino contra la ignorancia, el fanatismo y la injusticia. La espada es aquí un símbolo de la voluntad disciplinada al servicio del bien. Es uno de los grados más activos y comprometedores del sistema.

Luego aparece el vigésimo octavo grado, Caballero del Sol, donde se estudia la luz como símbolo del conocimiento universal. Es un grado que eleva el pensamiento, que invita a comprender las leyes morales que gobiernan tanto el cosmos como el corazón humano. Esta claridad intelectual prepara para uno de los grados culminantes del rito: el trigésimo.

El trigésimo grado, Caballero Kadosh, consagra la voluntad justa. Aquí convergen la ética aprendida en los grados iniciales, la compasión del ciclo rosacruz, la claridad filosófica de los grados intermedios y la disciplina de la caballería masónica. Es el grado que llama al servicio activo, a defender la verdad y a enfrentar todo aquello que degrada la dignidad humana. Este grado abre las puertas del Consistorio, donde la síntesis se vuelve profunda.

El trigésimo primer grado invita al análisis. Es un grado de investigación moral. Se examinan las causas del error humano, se comprende la diferencia entre juzgar y condenar, entre observar y temer. El iniciado aprende a ver con justicia, pero también con compasión informada.

Finalmente, en el trigésimo segundo grado, Sublime Príncipe del Real Secreto, se integra todo el camino recorrido. El Real Secreto no es un dogma, sino una armonía profunda entre voluntad, razón y amor. Es el reconocimiento de que la perfección no se alcanza, sino que se vive; que la justicia no se impone, sino que se encama; que la luz no se recibe, sino que se irradia.

En este grado el iniciado comprende que la misión de la masonería no es crear hombres superiores, sino hombres plenamente humanos: equilibrados, justos, compasivos y conscientes de su responsabilidad ante el mundo.

Ese es el hilo que une los grados: una ascensión ética, intelectual y espiritual que transforma al hombre en constructor de sí mismo y servidor del bien común.

Luego de la presentación, los asistentes hicieron uso de la palabra y con sus aportes enriquecieron aun mas el tema tratado, cerrándose así los trabajos con el objetivo didáctico cumplido. Luego se realizó un ágape fraternal en el Salón destinado al efecto, y con los brindis de rigor los hermanos festejaron este encuentro con armonía y felicidad.